La nueva era de la Geoeconomía: Cuando la Política redefine los Mercados

Las políticas tecnológicas, comerciales, financieras y militares están entrelazándose de una manera que no habíamos visto desde el fin de la era neoliberal.

El pasado fin de semana, decenas de economistas de universidades e instituciones como el FMI se reunieron en Washington para debatir el estado actual de la geoeconomía.

¿Geo-qué? Muchos aún no están familiarizados con el término, y no es de extrañar: hasta hace poco, apenas se utilizaba, ya que parecía chocar con los principios del libre mercado dominantes en las últimas décadas.

La geoeconomía describe cómo los gobiernos emplean políticas económicas y financieras como herramientas de poder. Durante la era neoliberal, se asumía que la economía seguía una lógica racional basada en el interés propio. La política, en ese marco, era secundaria. Pero eso ha cambiado.

La guerra comercial iniciada por la administración Trump sorprendió a muchos inversores por su aparente irracionalidad económica. Sin embargo, más allá de lo «racional» según los antiguos estándares, lo que refleja es un cambio estructural: la economía ha pasado a ser una pieza más dentro de un tablero geopolítico en transformación.

Instituciones como John Hopkins, Stanford, el FMI o el Milken Institute están reforzando sus programas de geoeconomía, incluso incorporando técnicas de machine learning. Algunos expertos, como el exfuncionario del Tesoro Dane Alivarius, proponen incluso la creación de una figura corporativa: el Chief Geopolitics Officer (CGO), encargado de navegar este nuevo entorno donde las reglas del comercio y la diplomacia se reescriben constantemente.

Cinco claves para entender esta transformación:

  1. No es solo Trump. Este giro no responde únicamente a una figura política, sino a un cambio de ciclo en el pensamiento económico global. Hemos pasado por el liberalismo previo a la I Guerra Mundial, el keynesianismo posterior a la II Guerra, y el neoliberalismo desde los 80. Hoy, el péndulo se mueve hacia un nacionalismo económico más intervencionista.
  2. Relativo vs. absoluto. Los gobiernos ya no persiguen únicamente el bienestar absoluto de sus economías, sino su posición relativa frente a otras potencias. Esto incentiva la rivalidad y debilita los marcos de cooperación internacional.
  3. El ascenso de China. La competencia entre Estados Unidos y China es un eje central de esta dinámica. Como señala Ray Dalio, este tipo de tensiones rara vez se resuelven de forma rápida o pacífica, especialmente si coinciden con ciclos de deuda complejos.
  4. Reacción global. Otras potencias siguen el ejemplo. Europa desarrolla un euro digital, Arabia Saudí apuesta por su independencia tecnológica y Japón utiliza sus reservas de deuda estadounidense como ficha estratégica.
  5. El retorno de la política industrial. Biden inició el giro. Trump lo profundiza con aranceles. Autores como Marc Fasteau e Ian Fletcher defienden una política industrial activa, con referencias a modelos como Corea del Sur, Japón o Alemania.

Esto puede incomodar a quienes se formaron bajo las reglas del libre comercio. Pero la tendencia es clara. Incluso si se firman nuevos acuerdos, la lógica arancelaria y nacionalista ha calado profundamente.

Nos guste o no, estamos entrando en la era de la geoeconomía. Y comprenderla será clave para inversores, empresarios y responsables de estrategia en todo el mundo.

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